¿Sabes dónde nació el Caudillo del Sur o cuál era su apodo? Si lo sabes seguro eres zapatista de corazón, si no, es muy probable que no seas muy fan de este personaje de la historia de México o que incluso estés del lado contrario a sus seguidores: los carrancistas.

Eso es algo que descubre el visitante en las herramientas de mediación que acompañan la exposición Emiliano. Zapata después de Zapata que se presenta en las salas del Museo del Palacio de Bellas Artes, y que recuerda al caudillo en el centenario de su muerte.

Y es que el objetivo de esas herramientas -más que un aprendizaje- es provocar una reflexión de cómo la figura de Emiliano Zapata todavía se encuentra cercana a la gente y de cómo le pertenece.

Mas la intención de la exposición en general es mostrar la representación de Zapata a través del tiempo. Cómo en ciertos movimientos y períodos los artistas retoman la figura del caudillo, lo reinterpretan, lo resignifican y lo hacen parte de su obra.

Luis Vargas Santiago, curador de la muestra, historiador de arte e investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM comenta que: “Con la muerte del caudillo inicia el culto, y también la idea de una imagen que va a resistir en el campo y que va aparecer en distintos períodos muy complejos de la historia de México. Va a aparecer con Rubén Jaramillo, en los años 40, después con Genaro Vázquez y con Lucio Cabañas y otros más.

“Luego veremos cómo durante la posrevolución el gobierno de México, se fue apropiando de Zapata hasta hacerlo un héroe nacional, que sirvió a sus intereses y se convirtió en el rostro del campesinado, muy útil para el control del PRI durante 70 años”.

El curador cuenta que el primer candidato presidencial en visitar la tumba de Zapata fue Plutarco Elías Calles. “En su elección llega a Cuautla en el quinto aniversario de la muerte acompañado de Diego Rivera, quien era presidente del Partido Comunista; eso marca una tradición en la política de este país, porque desde Calles a la fecha todos los presidentes al menos una vez acuden al aniversario luctuoso de Zapata en Cuautla”.

Durante el recorrido, Vargas Santiago comenta que la fabricación del héroe nacional comenzó en los años veinte durante el mandato de Obregón y Calles; a quienes no les gustaba el caudillo, pero que al final se apropian de su legado como un instrumento para el proyecto de reconstrucción nacional que se estaba realizando después de la Revolución Mexicana y que consistía en pacificar al país y generar imágenes de unidad.

Será Diego Rivera quien meta a Zapata casi sin permiso en los muros de la Secretaría de Educación Pública: “Rivera lo va a representar más de 50 veces, porque a diferencia de Orozco y Siqueiros no participó de la Revolución. A Rivera, Zapata le va a servir para fabricarse un pasado como pintor revolucionario. El cuadro llamado Paisaje zapatista, no es en realidad tal porque lo pintó en 1915 en París, cuando probablemente ni siquiera tenía a Zapata en la cabeza; lo más seguro es que sea un autorretrato como ha dicho el historiador James Oles. A esta pintura Rivera la llamaba Mi trofeo mexicano después se conoció como El guerrillero y en 1930 cuando se lo compra Marte R. Gómez es cuando lo rebautiza como Paisaje Zapatista.

“Después Diego diría que llegó a México en 1911 porque tenía una exposición en San Carlos. Él vivía en Europa desde 1907 más o menos. Según él, había planeado un atentado contra el Dictador que no le salió bien porque no llegó ni él, ni la esposa, pero entonces se enteran del complot y tiene que huir a Europa.

“Dice también cosas como que en 1911 ayudaba a los zapatistas a dinamitar trenes, que su papá le había enseñado a leer a Zapata. En fin, Diego Rivera va fabricando un mito a través de entrevistas con periodistas extranjeros y conforme se va haciendo viejito, la mentira se va haciendo más grande.

“Pero más allá de esta imagen ficticia que tiene de Zapata, fue fundamental para legarnos imágenes que después se volvieron casi la historia oficial del caudillo; por ejemplo el boceto del mural que ahora se encuentra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, que también es muy semejante a un pasaje del mural Historia de Morelos que está en Cuernavaca, donde representa a Zapata vistiendo traje de manta, huaraches y una herramienta para la cosecha de la caña.

“¿Cuándo han visto vestido a Zapata de esa manera? Nunca. Ahí Rivera inventa de nuevo  a un Zapata indio, un Zapata que radicalmente es un indígena y aquí comienzan a circular estas ideas de que Zapata no es mestizo sino más bien un campesino indígena que incluso hablaba náhuatl, la realidad es que no podemos afirmar si lo hablaba o no, sabemos que quizá lo entendía porque era una lengua que predominaba en la zona de Morelos.

“Lo cierto es que Diego Rivera inventa a Zapata y lo va a pintar más o menos unas 70 veces en dibujos, grabados, murales y esta imagen de 1931 del mural de Nueva York va a ser el inicio de la exportación de Zapata en los Estados Unidos. En esa época el país del norte está viviendo una crisis social y política y hay propuestas políticas e intelectuales que miran a México como una utopía socialista; eso va a servir para generar un mercado de arte mexicano muy importante. No es casual que en 1931 prácticamente los tres grandes y otros pintores como Covarrubias y Alfredo Ramos Martínez estén pintando Zapatas en Estados Unidos…”

Una de las cuatro salas dedicadas a la exposición, reúne todas las imágenes que se hicieron de Zapata en Estados Unidos para un mercado norteamericano, y que pertenecen a las colecciones más importantes de aquel país como el Museo de Arte Moderno de San Francisco.

Esas obras son parte de las más de 140 piezas que forman la exposición, entre pinturas, obra mural, arte objeto, videoarte, dibujos, documentos, publicaciones, esculturas, fotografías, grabados, instalaciones e indumentaria, las cuales hacen un recorrido por las más importantes representaciones artísticas del también llamado Caudillo del Sur, a lo largo de los siglos XX y XXI, así como sus desplazamientos entre México y Estados Unidos.

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