Jarros, sarapes, alacenas, árboles de la vida, lacas y exvotos, entre otras artesanías de  diferentes partes de la República Mexicana, conforman este recorrido donde el texto Las Artes Populares en México, de 1921, de la editorial cultura sirvió de premisa para armar el guion curatorial.

Coordinado por Gerardo Murillo, mejor conocido como Dr. Atl, el texto da la pauta para agrupar en una exposición el conjunto de piezas que Roberto Montenegro reuniera por encomienda del gobierno en los años veinte a fin de conformar un museo de arte popular.

La primera parte de la exposición, titulada Roberto Montenegro: Expresiones del arte popular mexicano, que acuna el Museo del Palacio de Bellas Artes, se pueden encontrar rubros como Alfarería, Juguetería, Tejidos, Utensilios, Charrería, Máscaras y Pintura del siglo XIX, entre otros; mientras que una segunda, reúne las publicaciones que Montenegro hizo sobre máscaras, sobre ex votos y sobre trajes regionales, que muestran la faceta de promotor cultural de este artista.

El recorrido por la exposición consiste en un minucioso trabajo de rescate de técnicas en extinción de una práctica muchas veces menospreciada, realizada por quien fuera no sólo pintor e ilustrador, sino también investigador. Para ejemplificarlo, se destaca la distribución engalanada de los dibujos que Roberto Montenegro realizó a lo largo del itinerario que hizo para recopilar estas piezas.

La selección reúne un total de 136 piezas donde las máscaras son un tema recurrente. Su gran variedad y colorido enmarca las diferentes expresiones del rostro que, en palabras del curador de la muestra Arturo López, “tienen que ver con nuestro sistema de creencias e ideas, por ello Montenegro llego a ser uno de los principales estudiosos de este rubro del arte popular”.

Para abundar en la temática de la exposición, el visitante cuenta con algunas herramientas de mediación, como la digitalización del mural La fiesta de la Santa Cruz  de 1923; una de las obras menos conocidas de Montenegro que se encuentra en la sede del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble  CECROPAM.

A la pieza se le dio movimiento para que el público se acerque de forma didáctica a su contenido. “La obra se divide en dos conjuntos”, explica el curador, “la sección que abarca la fiesta de la Santa Cruz y en otro sentido, aborda la idea de la reconstrucción del país después de la Revolución”.

Otro interactivo es un mapa digitalizado de artes populares que Roberto Montenegro realizó en 1929 y donde el visitante podrá hacer una búsqueda de las artesanías que el artista plasmó en el mapa.

“A través de esta exposición”, comenta Arturo López, “se puede ver que hay una oficialización del arte popular en la que Montenegro está presente. En el recorrido se ve parte de su itinerario desde su regreso a México en los 20 hasta 1968. Se vislumbra cómo actuaba sobre él una poderosa conviccón para que el arte popular fuera reconocido y preservado.

“Son dos secciones, la primera muestra cómo se conformó la colección y que piezas se escogieron de esta gran selección de obra que está en CECROPAM así como la premisa para escoger los rubros iniciales en los que participo el libro coordinado por Gerardo Murillo junto con Jorge Enciso, texto que sigue vigente por su valía etnográfica”.

Otro apartado de la exposición nos lleva a la pintura popular donde a partir de los textos de Montenegro se busca rescatar los valores de los artistas del pueblo, “artistas anónimos, que solían no firmar porque tenían más el gusto por pintar sin un oficio pleno o académico, sin una ideología precisa, sino por el solo gusto de pintar. Y que el artista rescata porque además le influyen. Podemos hacer comparativos de retratos que él hace con pinturas del siglo XIX, donde retoma las posturas y las formas de los personajes de la pintura de ese período”.

En un bloque más de mediación, el visitante podrá ver cómo los valores del arte popular también se pueden ver en diferentes escenas del cine mexicano de la primera mitad del siglo XX en películas como María Candelaria o ¡Viva México!, pieza de la que Montenegro fue asesor al lado de Adolfo Best Maugard cuando vino Eisenstein a México, y también de El signo de la muerte donde fue subdirector artístico.

Una vez concluida Rojo Mexicano, exposición que atrajo cientos de visitantes al Palacio de Bellas Artes, Roberto Montenegro: Expresiones del arte popular mexicano, podrá atrapar completamente la atención del público visitante al recinto museístico.

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