La muestra conjuga 19 obras de arte y una instalación para motivar en el espectador la reflexión y actuación ante la problemática del cuidado de los ecosistemas y de los seres vivos cercanos a la urbe, que cada vez se vuelven más vulnerables e invisibles.

Se trata de pinturas realizadas con técnicas mixtas, dibujos e intervenciones pictóricas sobre muros, además de objetos urbanos recuperados. La exposición ofrece una mirada de los micromundos que existen en la ciudad y de aquellos de mayor tamaño que se asientan en la periferia, cuyo hábitat se encuentra en peligro debido a las prácticas sin conciencia que afectan la conservación de la flora y la fauna.

En palabras del curador José Manuel Springer, “lo que interesa al artista son las maneras en que los animales, desde los vertebrados hasta los insectos, se adaptan al entorno urbano, como consecuencia de la invasión del medio ambiente provocada por el desmedido crecimiento de las urbes”.

Luis Moro, artista plástico nacido en España en 1969 y naturalizado mexicano, expresó que la idea de proponer la figura de los animales como símbolo de resistencia nació hace cuatro años “al llegar a la Ciudad de México y ver cómo hemos invadido todos los espacios naturales; después, cuando expuse en la ciudad de Austin, Texas, hice unos dibujos con animales y señales de tráfico integrándose en la ciudad, un poco como resistiendo”.

La Sala Juárez 1 del Museo de la Ciudad de México, se viste de una gran instalación de 8 por 4 metros con obras de arte dentro, “donde cada una cuenta una historia, porque el Valle de México es eso, un gran valle que tiene muchas historias urbanas y silvestres”.

El sentido de su propuesta, añadió, es que los visitantes puedan estar inmersos “en un espacio que da la sensación de invasión al mundo animal, un poco como lo que ha pasado en la Ciudad de México por cómo se han ocupado todos los espacios”.

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