Un tema recurrente en la obra de Ricardo Martínez son los perros. Estos peludos animalitos de todos tamaños y colores aparecen una y otra vez en sus lienzos. Ya sea correteando a una despavorida Llorona o siendo acariciados con mucho amor por uno de sus personajes.Lo curioso es que el pintor les tenía mucho miedo, así lo recuerda su hija Sarina Martínez por lo que cree que pintarlos era como una forma de exorcizar ese miedo y enfrentarlo. “Al principio los perros eran muy feos, hay cuadros donde se ven peleas de perros, como el de la Llorona, pero después hubo cuadros más tiernos”.

Anécdotas como ésta, surgen al recorrer la exposición que se realiza en el Palacio de Bellas Artes con motivo del centenario del nacimiento del artista y que lleva por título Ricardo Martínez, desde el interior, una exposición que además de realizar una exploración íntima de una parte de su trabajo, importante pero desconocida, como es la gráfica realizada en colaboración de amigos escritores y editores; lleva al público de la mano al presentar no sólo las obras terminadas sino su gestación desde los trabajos preparatorios.

En su recorrido el visitante podrá conocer una faceta nueva del artista y encontrar joyas como la primera portada de Pedro Páramo e incluso la hoja donde Juan Rulfo escribe la entrada del cuento que lo hiciera famoso y que Martínez a su vez dedica a Carlos Monsiváis.

Una obra que ahora podemos admirar pero que hasta hace unos 3 años se encontraba en varios cajones y que gracias al interés de la familia del artista se fue descubriendo.

Miriam Kaiser, una de las curadoras, comenta que “lo que vamos a ver es el proceso creativo desde el dibujo, varios bocetos, los estudios de color en óleo sobre papel, hasta llegar a la obra final”.Para ello se exhibe material documental y fotográfico de su archivo personal que da cuenta del circuito artístico en el que se desenvolvió, al tiempo de presentarlo en la intimidad de su estudio o bien rodeado de amigos que lo acompañaron a lo largo de su vida.

“En la muestra,” comenta Aurora Avilés, otra de las curadoras “se expone obra inédita en la que se puede ver como cambio su forma de pintar desde sus inicios hasta la consolidación de su estilo personal, lo cual fue posible gracias a la catalogación de las mil 500 obras que tiene aproximadamente y que nos permite tener todo el repertorio de imágenes del artista, desde los años 40 hasta 2009, para identificar las etapas creativas.

“Este conjunto de obra, nos permite encontrar los quiebres, en qué año cambio su estilo de pintar, en qué año lo prehispánico empieza a ser importante en su obra y en qué año alcanza el estilo consolidado que conocemos”.

Y efectivamente es lo que se ve. No solo las monumentales imágenes que se perfilan como sombras, en sus clásicos difuminados en colores primarios o neutros, sino los dibujos preparatorios o las gráficas corregidas con pigmento blanco o mutiladas, algo que quizá el artista no hubiese querido mostrar, como dice Kaiser, pero que a ellos como estudiosos y a nosotros como público nos permite acercarnos a la intimidad de su proceso creativo.RICARDO MARTÍNEZ. DESDE EL INTERIOR. Museo del Palacio de Bellas Artes, avenida Juárez y eje central Lázaro Cárdenas, Centro Histórico. Martes a domingo, 10:00 a 18:00 horas. Cierra 24 de febrero. (Centro).

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