Exposición que nos hace ver la grandeza del sueño y la visión que tuvo Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society.

Huntington, heredero a una fortuna neoyorquina nacido a finales del siglo XIX, tuvo desde muy niño una afinidad por España y el mundo hispano. En un viaje a México durante su adolescencia, en el cual cenó con Porfirio Díaz en el Castillo de Chapultepec, Huntington se apasionó aún más por la lengua castellana la cual aprendió a la perfección. Al morir su padre, se dedicó a explorar el encanto de España y su cultura a través de los libros. Compró la biblioteca entera del Marqués de Jerez de los Caballeros y era tan culto en el idioma de Cervantes que tradujo El Cantar del Mío Cid al inglés.

La colección de pinturas, esculturas y artefactos antiguos no se manifestó hasta más tarde, cuando fundó la Hispanic Society como biblioteca y museo en 1904. Hoy es la colección de arte hispano más grande e importante fuera de España.

En esta magna exposición, que estuvo en el Museo del Prado el año pasado, el Dr. Mitchell Codding, director de la Hispanic Society desde hace 30 años, hizo la curaduría de más de 200 piezas con una fineza extraordinaria.

El viaje empieza por la España antigua: bustos en mármol, joyería en plata antigua, mosaicos y cerámica. Después podemos apreciar la influencia árabe a través de objetos preciosos de estilo mudéjar. Pasando por el medioevo, admiramos unos libros de una calidad sin igual: libro negro de horas, una Biblia Hebrea y cartas del mismísimo Carlos V, además de documentos rarísimos que datan del siglo XVI.

En la sala principal, en el primer piso del museo, encontramos verdaderas joyas de la pintura del Siglo de Oro y el Renacimiento Español: el retrato imponente del Conde-Duque de Olivares de Velázquez; una de las santas mártires de la famosa serie de Zurbarán; un San Jerónimo penitente por el genio de Toledo: El Greco y dos Ecce Homo de Luis Morales, El Divino.

También hay piezas mexicanas considerables: pinturas novohispanas de gran calidad, un cuadro precioso del pintor decimonónico José Agustín Arrieta, bateas michoacanas y escritos de Sor Juana Inés de la Cruz y de Carlos Sigüenza y Góngora.

Entrando a los inicios del siglo XIX vemos la pieza más anticipada de esta muestra: uno de los retratos de la Duquesa de Alba realizado por Francisco de Goya y Lucientes. Esta obra es tan enigmática como la naturaleza de la relación que hubo entre el artista y su modelo.

Al final de esta travesía, hay genios del modernismo español que nos dejan sin aliento: Zuloaga, Sorolla (quien fue gran amigo de Huntington y creó para éste murales espectaculares representando las fiestas de España) y el catalán Anglada Camarasa.

Como detalle especial: encontramos la única obra de la colección que no fue hecha por un español o hispanoamericano: Danza española de John Singer Sargent.

El Museo del Palacio de Bellas Artes junto con la Hispanic Society of America trajeron a nuestro país verdaderos tesoros dignos de admirar más de una vez. Les recomendamos que no se la pierdan.

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