Cuando me invitaron a unirme a las páginas de Tiempo Libre, en 2015, sabía que tendría una gran responsabilidad: continuar la impecable labor que durante años había realizado Fernando Moguel, periodista y extraordinario fotógrafo que posicionó a la revista en el ámbito teatral. A nivel personal, tenía además la consigna de estar a la altura de lo que me enseñara mi mentora: Adriana Garay, la editora de Gente! en el periódico Reforma, medio donde me enamoré del teatro.

Mi inicio en Tiempo Libre fue complejo pues, aunque no lo pareciera, la CDMX tiene una oferta de más de 100 obras a la semana; así que no quedaba más que organizarme para cubrir la mayor cantidad de obras posibles y extender mis contactos en el medio; y ya no sólo con publirrelacionistas, sino con productores, directores, actores, dramaturgos, etc.

En los últimos meses he podido además liderar en esta sección a un lindo equipo de reporteros: Belén, Janet, Julieta, Kenia e Isaac; jóvenes que, como yo, disfrutan del teatro y que comparten mi misión de cubrir todo tipo de trabajos; en diferentes recintos y dirigidos para todos los públicos.

En México se hace teatro de excelente calidad y la mejor manera de comprobarlo es adquirir nuestra revista y aventurarse a leer sobre los montajes; darle una oportunidad a trabajos que lo llamen, atrapen o lo inviten a salirse de su zona de confort. Sin duda, escribir en Tiempo Libre continuamente me ha sacado de esa zona; pues me permite ver trabajos que me han quitado el aliento, que me han erizado la piel; o en contraparte, que me han hecho querer salirme de la sala…

En tiempos de celulares, tecnología, Netflix o UberEats, cada vez cuesta más trabajo salir de casa. Pero el teatro es un gran pretexto para hacerlo; una experiencia en la que se comulga, en vivo y a todo color, con un grupo de personas que lo dejan todo en el escenario.

En un mundo cada vez más digital, le agradecemos además a usted, querido lector, haber elegido quedarse en estas páginas; permitirse conocer más del quehacer escénico en voz de quienes dedican su vida al teatro y que, con un inmenso amor, nos comparten su trabajo.

Finalmente agradezco a la directora: Ángeles Aguilar, a Juan y a Rodrigo, por permitirme conocerlos y otorgarme la confianza de cada semana llenar estas páginas.

Por muchas ediciones más; aproveche su tiempo libre, ¡y vaya al teatro!

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