“Hay que cultivar la amistad”, es la despedida en una reciente noche en casa de Arturo. Él es uno de mis más importantes maestros y no lo sabe. Desde el día en que tuve el privilegio de conocerlo, directo al grano en la reflexión, respecto a un trabajo precisamente el mes de diciembre de 2011, refiriéndose a la pertinencia e implicaciones éticas de trabajar para una empresa minera en la que colaboraríamos su compañera, espléndida actriz y amiga Judith Inda Valencia y el que escribe. Él mencionó la “falta de conciencia de clase entre los trabajadores” y entonces nos vinculó la obra de Carlos Montemayor al haber Arturo protagonizado el mediometraje, adaptación de la novela “Mal de piedra” de Federico Ciao en 1986. Desde entonces y hasta el inicio del más reciente otoño, los fundamentos y la bonomía de este creador implican un rigor y un sentido en términos arcánicos propios del Hierofante, sumo sacerdote del culto a Eléusis cada vez que tenemos la oportunidad de conversar.

Esa noche hace ya semanas me leyó uno a uno, con  comentarios precisos y ejemplificados, un decálogo que supera los diez postulados o preceptos, principios, prolegómenos incluso que él enumeraría so pretexto de una conferencia para estudiantes de actuación que impartió alguna vez: “Todo llega”, “Un actor no cancela una función a menos que tenga el certificado de defunción en la mano”  y “El que se baja del tren vuelve a hacer fila”. Esos tres que recuerdo mejor los pienso todos los días, como también su explosión totalmente justificada y necesaria ante la irrupción de decenas de fotógrafos durante una lectura que tuvimos de la novela que he mencionado en el Auditorio de la Asamblea legislativa, como otra también de la índole cuando en una función él como espectador comenzó a escuchar y a desesperar ante los clicks de una cámara fotográfica incesante. “¡Se va el duende!” advirtió.

Se detiene debajo del arco de la sala de su casa y me dice: Aquí monté –Conferencia sobre la lluvia-  Monólogo de Juan Villoro que tras un número considerable de representaciones con la Compañía Nacional de Teatro fue el culmen de 50 años de carrera artística la noche del 29 de septiembre en el Teatro Esperanza Iris. Y sí, el palco desde donde me conmovió y removió, con esa soledad maldita y sagrada de tal personaje ante una sala abarrotada que sabe desde entonces otras cosas de la lluvia, no compartibles si no desde lo profundo, con el sentido ritual y esotérico de lo iniciático. Arturo solo ante el toro y sobrevino la faena.

“¿Por qué ustedes los técnicos no se ponen a jugar con su teléfono esa cosa que hace así (dibuja un cuadro con el índice en el aire), o se ponen a ver porno cerca de la Virgencita de Guadalupe del fondo en lugar de hacerlo en el escenario?” A lo que le contestó un tramoyista: “¡Cómo cree maestro! ¿Cómo junto a la virgencita?” “Pues es lo mismo”,  atajó Arturo:  “el escenario es un espacio sagrado y estamos en ese espacio buscando conjurar las almas de esos 43 jóvenes desaparecidos en Iguala para que encuentren la paz y la justicia a partir de un hecho sagrado  que es el Teatro”. Eso tras recordar momentos “entre cajas” de la temporada de “El cerco de Numancia” de la CNT. Beristain decidió como Brecht (quien coincidentemente conmemoró también este 2018, 120 años de su nacimiento) , optar por el futuro y elegir el escenario teatral para crecer como actor, no obstante el testimonio que dejan de su desarrollo actoral los medios electrónicos, incluida la radio: “-Aunque ya no se entienda, el registro cambia”, según lo corrobora su huella histriónica que se transformó de ser galán joven a segundo galán, para construir posteriormente una  nutrida y diversa gama de personajes, que lo condujeron a ser primer actor. ““Lo que quiero es refinar mi oficio, en busca de la obra a la altura del arte”. Arturo cierra este año con una pastorela, el año de sus 50 años como actor con una propuesta, me atrevo a decir y a sugerir como histórica por que como intérprete de los misterios sagrados, para el Hierofante lo micro, es macro. “Al  Teatro con el Diablo”  Texto: Juan Villoro.  Dir: Luis de Tavira.  Con: Judith Inda y Arturo Beristain.  Jueves y viernes 20 Hrs, sábado 19 Hrs y domingo 18 Hrs. Hasta el 6 de enero. MicroTeatro México. Roble # 3. Santa María La Ribera.

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