Soledad, tristeza, aislamiento. Tres simples palabras que describen los últimos años de la vida de Camille Claudel, quien luego de haber realizado importantes esculturas de arte, fue abandonada por su familia en el manicomio de Montdevergues, Francia.

Con un libreto escrito por la francesa Gaël Le Cornec, esta historia es narrada en un monólogo que explora los aspectos más oscuros de su vida, su relación con Augusto Rodin y las crisis que finalmente la llevaron a la locura.

Yuriria Fajul, encargada de dar vida a la escultora, compartió en entrevista que además de haber leído acerca de la vida de Camille y estudiar las cartas entre ella y Rodin, la clave para lograr una interpretación impecable radicó en conocer su obra.

“Estudié sobre todo la obra plástica de Camille; estudié las posiciones de las esculturas, su movimiento y el material a partir del cual estaban hechas: la elegancia del mármol, la dureza del bronce, la delicadeza del yeso y la fragilidad del barro.“En funciónde ello construí las emociones que, creo, ella sintió a lo largo de su vida y que yo interpreto en un collage de pequeñas escenas. Además tomé una clase de escultura en barro y modelado -con una tía mía que es artista plástica-, y eso me dio un poco de técnica para saber cómo modelar, que es algo que nunca había hecho”, explica Fajul.

La actriz confesó que pudo identificarse con Camille debido a que sus historias de vida tienen algunas semejanzas; por ejemplo, durante el inicio de su carrera, ella también sufrió falta de apoyo por parte de su familia, e incluso se llegó a enamorar de un profesor mayor que ella. Pero quizá la parte que más le tocó el corazón fue explorar la relación entre la escultora y sus papás.

“Tuve también una relación difícil y complicada con mi madre, y una muy buena con mi padre, igual que Camille. Ambos murieron hace muchos años, y me identifico con ella en ese aspecto; también me hacen falta mis padres”.

Debido a la complejidad que implica la obra, al final de cada función Yuriria realiza un ejercicio para agradecer a su personaje la oportunidad de interpretarlo.

“Hago un ritual en el que me quito la “máscara”. Tengo varias fotos de Camille pegadas en el espejo de mi camerino; le agradezco a sus imágenes por haberme compartido su historia esa noche y haberme acompañado en escena. Cuando las guardo, le digo a Camille que volveremos a estar juntas en la próxima función, agarraditas de la mano”, finalizó.

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