Una noche lluviosa, dos mesas y una barra en una cafetería de segunda, es el escenario donde dos personajes quedan atrapados por la casualidad; entrampados en el drama de la propia existencia. Y después del silencio, es una adaptación libre de la obra El Bufón del dramaturgo polaco Rafal Maciag, representado por los actores y directores Inés De Tavira  y Alexandro Guerrero.

En un cuarto donde confrontan la locura, el sinsentido, dos personajes solitarios comienzan a negociar: primero la libertad, aliento de supervivencia, para después quedar enganchados en un diálogo de anhelos, cada uno conformado de un monólogo interno en la exploración del lado oscuro del espíritu como muestra de aliento de vida. Todos dispuestos en una geometría del espacio que apunta a la puerta de salida, permanentemente abierta y que, ninguno se atreve a traspasar; la puerta de salida a la justicia, la compasión, la libertad y la muerte. Y después del silencio nos muestra cómo la vida es un juego de espejos, donde cada personaje refleja en el otro su propio hastío existencial.

Foto: Juan Rodrigo Becerra

“Leímos esta obra hace algunos años, de Rafal Maciag, quien la escribió en los 90 aunque la historia se ubica en los años 70. Hicimos una primer lectura así como echando desmadre, de cuates y nos encantó y dijimos “algún día la vamos a montar”, nos cuenta De Tavira, al tiempo que nos hace evidente la materialización de un proyecto teatral distinto, que nació de una utopía, de una idea, que deja descubierto, detrás de la escena, la magia de la búsqueda, el estudio, el trabajo de mesa, puertas que se abren y productores que deciden jugársela también el todo por el todo.

“El proceso ha sido complicado porque nos lanzamos en una empresa difícil:  el auto dirigirnos, y encargarnos también [al mismo tiempo] de la producción, dirección y actuación […] después de muchos años de dirigir y que, al momento de estar como actor era en una especie de juego doble, como en mi puesta anterior ¿Valdrá la pena hablar de Marx?, donde nunca estaba realmente en un personaje aun estando frente al público, ahora la decisión fue: Inés dirige y yo me dejo; no obstante, sabemos que en esta temporada puede ocurrir cualquier cosa. Una de nuestras síntesis es la frase ‘Habrase visto’, que forma parte de uno de los diálogos de la obra. Insisto que de este encuentro y en el devenir del proceso se puede esperar lo nunca visto”, puntualiza Alexandro Guerrero.

Inés y Alexandro, dos creaturas del teatro, nos guían con destreza, a ser testigos silentes de una pugna entre dos seres que tratan de esconder su propia locura y soledad reflejada en dos monólogos donde se devela la elocuencia, el cinismo, el odio, el desamor, la enajenación, la desesperanza de dos naturalezas atrapadas en un espacio que no puede cerrar porque es importante hacerse oír, no importa si es necesario dar rienda a pensamientos paranoides o la exacerbación de los sentidos. Una mesera en apariencia simple y sencilla frente un parroquiano aferrado a un ideal de justicia, nos llevan de manera casi imperceptible a la exploración de nuestra propia oscuridad.

Con una crueldad casi quirúrgica, penetramos en un ambiente sórdido, como subtexto de dos personajes que en apariencia no tienen nada en común hasta que se descubren como almas gemelas de cicatrices.

Foto: Juan Rodrigo Becerra

“En cuanto el contenido discursivo de la obra es una locura, los personajes nos enamoraron y el texto original, inspirado en un personaje histórico polaco, contiene una cercanía caracterológica respecto a nosotros con los personajes. Pero el darse totalmente el permiso de decir desde dónde estamos, solo lo hemos logrado con la locura te permite decidir, mucho arrojo, confianza y un vínculo de trabajo muy fuerte de proceso creativo, crisis, y subidas y bajadas y muchísima plenitud” finaliza Guerrero.

Foto Juan Rodrigo Becerra

Sin duda estamos ante un trabajo minuciosamente cuidado en donde los actores juegan con el texto que va de lo anecdótico a lo político, desde una trinchera que nos toca todos: lo humano, la soledad de dos seres humanos en un contrapunte constante, al demostrar un interesante simbolismo por encima de la dramaturgia que nos guía por ese pasillo umbroso donde tienen mucho que contar, a través de metáforas que nos despliegan la doble moral, la explotación y la enajenación en todos los niveles, y nuestros propios mecanismos de supervivencia, los difíciles de admitir: la sinrazón, el lado cruel del ser. Y un final estremecedor.

En esta puesta participan también Lydia Margules, iluminación; Mario Marín del Río, vestuario; David Negrete, coreografía con el asesoramiento de Silvia Sáez Delfín; Daphne Keller, Inés de Tavira, Alexandro Guerrero, diseño Sonoro, Svander Merwe, imagen de cartel. El productor general y sin quien no podrían llevar esto hasta las últimas consecuencias es Alfredo Delgado, uno de los empresarios más exitosos de nuestro país, que ama al teatro, entiende y apoya su locura. La temporada concluye pronto su ciclo, ¡Aprovechemos!

Funciones viernes, 20:30; sábado 19:00; domingo, 18:00 horas. La invitación es a celebrar septiembre con buen teatro.

Y DESPUÉS DEL SILENCIO. El Círculo Teatral, Veracruz 107, Condesa. 5553-1383. Viernes, 20:30; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loc. $250. Hasta el 24 de septiembre. (Centro)

Dejar una respuesta

Escribe tu comentario
Por favor ingresa tu nombre aquí

13 + dieciseis =