Actriz, directora escénica y maestra de actuación,  Zaide Silvia Gutiérrez conmemora 45 años de trayectoria. Cuenta Zaide que su padre le enseñó a leer en voz alta atendiendo los signos de puntuación. La menor de cinco hijos dio muestras desde muy pequeña de su heredada vocación. De niña vio en la televisión un comercial de la Escuela de Teatro Andrés Soler, “un impulso a los 10 años me hizo decir yo voy a estar ahí”, asegura  Zaide. Así fue. Se le admitió a esa edad en el Instituto Andrés Soler del que era en ese entonces subdirector Miguel Córcega.

Su padre se negó a que ella estudiara actuación hasta el día en que su madre, mientras hacía la limpieza, encontró un par de programas de mano en los que aparecía el nombre de su padre: él era parte del reparto de una obra dirigida por Seki Sano en donde actuaba junto a María Douglas y de “Los motivos del lobo”, de Sergio Magaña, dirigido por Adam Guevara en 1973.

La evidencia quebró la inicial renuencia de su padre y la vocación heredada apareció entonces como posibilidad. “En mi casa jamás se volvió a cuestionar mi vocación”, indica Zaide. A los 19 años participó con Julio Castillo en el memorable montaje “El cocodrilo solitario del panteón rococó” en la Compañía Nacional de Teatro de 1982.

Zaide construyó su vida alrededor del ejercicio profesional. “Antes decía que era actriz de vocación pero hoy estoy convencida de que soy actriz de convicción. Por supuesto que una coquetea con otras cosas, por eso me fui al Columbia University con el objetivo de ejercer la dirección. Pero estar en el set es otra cosa. Al escenario es a donde siempre quiero volver.”

Su eclecticismo en lo profesional le ha permitido tener infinidad de visiones, de gamas. Sin duda alguna Zaide se alimenta de los escenarios. En el cine la fascinó la mirada de los actores. Ha pasado 45 años fluctuando entre un set y un micrófono. En su haber hay películas tan emblemáticas como “El norte”, donde comparte créditos con Gregory Navas.

-“He recibido muchos premios y pienso: tanta gente no se pudo haber equivocado”. Para Zaide lo importante es condensar sus conocimientos, la suma de ellos, aunque asegura que “siempre se vuelve a comenzar desde cero”.

Zaide es una actriz  “genial”, esto es lo que la maestra Juliana Faesler comenta como  directora de escena de “La historia del soldado” (A soldier´s talk. Igor Stravinsky 1918). Dicho montaje fue parte del programa anual de conciertos en el Palacio de Bellas Artes, una colaboración de la Compañía Nacional de Teatro, Orquesta Sinfónica Nacional y la Compañía Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Entre sus alumnos se cuentan Alejandro Velis y Eduardo Zaid en la Facultad de Filosofía y Letras, y  nos comparte: “ hay una condensación, una organización de lo empírico, eso es la academia”, un panorama real para trabajar en el set ha sido también una constante para con sus alumnos, así como la base ética necesaria y la reflexión imprescindible desde la actoralidad, el teatro como la reflexión sobre  la conducta humana.  “Las conclusiones son una cosa y la práctica es otra” , subraya al también comentar su práctica constante  de la lectura del Tao Te Ching.

“El que deja de comer por haber comido nada ha perdido”, un lema de mi madre que vino a mí cuando decidí hacer un reset completo de mi ser creativo y avocarme a un ejercicio tan intenso como el que me ha ofrecido la Compañía Nacional de Teatro.”  El pináculo del teatro en México a sus 45 años de trayectoria han sido dos espacios sagrados que ha pisado recientemente. El teatro Julio Castillo del CCB con “Amor es más laberinto” bajo la dirección de Raquel Araujo y la “Historia del soldado”

“Lo que yo quiero es abrazar mi origen y mi origen es el teatro.” Zaide ha vuelto a vivir  al barrio en que nació y creció. “El movimiento es el regreso” a todos niveles en la vida y carrera de una de las actrices más ejemplares en la historia del teatro nacional.

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