Soy sirena con memoria

y esperanza de aguas nuevas
Por eso vivo cantando

para los hombres de tierra

que sueñan acariciando

la voz de La Petenera

 

Guillermo Briseño

 

 

 

 

 

En su exquisito disco y espectáculo Maradentro (1986), Eugenia León canta los versos de un son contemporáneo compuesto por Guillermo Briseño, creado a partir de un son tradicional, que es a su vez una leyenda antigua: la de La Petenera, el ser mitad mujer, mitad pez.

Desde hace unos años, bajo la producción de la compañía Teatro de Quimeras y la dramaturgia de Martín López Brie, la actriz y directora Sofía Beatriz López se convierte, para deleite de nuestros ojos y oídos, en una Petenera con todas las de la ley, excepto por un detalle: no sabe cantar, aunque eso no le impide encantarnos a través de su música y de otra herramienta igual de añeja y hermosa: la voz hablada.

Confeccionado para mostrar el resultado de las investigaciones de la actriz sobre el uso de la máscara teatral, este monólogo descansa en una sencilla y a la vez profunda narración que presenta a dos personajes que cuentan su triste historia, con el enigma y la vivacidad que son propias de esos relatos marítimos que aún se escuchan de boca en boca, de puerto en puerto, de tiempo en tiempo.

Ella busca el amor en tierra firme y él quiere arrojar al mar el cadáver de la mujer que amó. Dos historias de amor y muerte aderezadas por el vaivén de las jaranas, guitarras, laúdes, flautas y percusiones infaltables e infalibles cuando se trata de abordar las pasiones con sabor jarocho. Éstas son ejecutadas en escena por el estupendo compositor y multiinstrumentista Gabriel Rojas.

Estrenada en 2017, El pescador y La Petenera se ha presentado en diversos foros de la ciudad de México, del interior de la República y del extranjero. Ahora regresan a una nueva temporada que constata la solidez de la dupla artística que conforman Sofía Beatriz y Martín López Brie (El sapo y las minas de mercurio, Honor y traición), quienes construyen una puesta en escena sólida y plena de riquezas visuales y sonoras a partir de los desencantos del amor.

La bella máscara verde que reposa en su rostro le permite a la actriz elegir lo más delicado de sus herramientas vocales y corporales para inundar el escenario y encantarnos, seducirnos con el bravo oleaje de sus palabras.

La voz de las sirenas

seduce a los navegantes,

es un deseo exasperante

que se les entra en las venas.

Así le pone cadenas

al hombre por el oído

la mujer que lo ha escogido

para llevárselo al mar.

Allá te voy a enseñar

lo prometido.

 

Eduardo Langagne

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