Hace dos años el director Diego del Río descubrió la crítica de una obra llamada Mi hijo solo camina un poco más lento, del autor croata Ivor Martinic; lo contactó por Facebook para leer el texto, y luego de enamorarse de la obra, pidió los derechos para montarla en México.

Dos años después, esta obra que cuenta con un ensamble de 11 actores llega a La Teatrería para presentar esta historia sobre una familia cuya vida ha cambiado a raíz la enfermedad degenerativa de uno de los hijos, quien ha dejado de caminar. El día de su cumpleaños número 25 se muestran los sentimientos de la familia: la madre que no puede nombrar y aceptar el presente de su hijo; la abuela que se ha olvidado de cosas y prefiere inventarse recuerdos; el papá que ha decidido callar porque ha perdido un poco el rumbo; la hija que necesita a la madre y que quiere enamorarse sin sentirse culpable; el abuelo que a veces parecería que está esperando paciente su muerte, y el hijo, quien observa todo y aprende a vivir con su nueva realidad.

Esto nos compartió el también director de Rent, La Gaviota, Espejos, Tribus, entre otras obras.

Tienes un elenco amplio que incluye a Karina Gidi, Anahí Allué, Concepción Márquez, Pedro Mira, etcétera, ¿cómo los elegiste?

Karina es una actriz que admiro mucho y tenía muchas ganas de trabajar con ella; le va muy bien este personaje. Conchita Márquez es una de las actrices con quien más a gusto trabajo, esta es nuestra tercera obra; de Anahí soy muy amigo. También hay actores con los que ya trabajé en Rent, como Jerry Velázquez; actores como Ana y Pedro, con quienes no había trabajado pero a quienes admiro, y mis dos hermanas: Lourdes y Aída. Es como un gran grupo de amigos y tenía muchas ganas de trabajar con ellos.

¿Cuáles son los pros y los contras de trabajar con amigos y familia; gente tan cercana?

Los pros es la complicidad, la comunicación, y aunque son gente cercana son gente a quien admiro. No he encontrado un contra, y espero no encontrarlo, porque son personas muy comprometidas. Somos muy amigos, y sí, nos reímos, pero también estamos trabajando y estamos todos en el mismo canal.

¿Qué anécdota cuenta la obra?

La obra se trata de un joven que cumple 25 años, que tiene una enfermedad degenerativa —que no se nombra—, y que lo ha dejado sin caminar. En esta cotidianidad vemos existir a una familia y la obra va revelando varios temas: el amor de la madre hacia el hijo, del hijo a la madre; y principalmente, el proceso de duelo que vive esta madre frente a la nueva realidad del hijo, y cómo el personaje, que todavía está en un proceso de negación, puede alcanzar un proceso de resignación para finalmente liberarse en la aceptación.

Se centra sobre todo en un joven que es diferente a los demás…

Sí, la obra plantea cómo los demás miran al “diferente” y cómo éste lo tiene más asumido, más aceptado y está en paz con su nueva realidad. Hay muchas generaciones: los abuelos, los papás, las hijas y la relación con sus padres, la joven hermana que ha sido desplazada por la situación del hijo y jóvenes que se quieren enamorar, que quieren experimentar y que están aprendiendo a vivir esta nueva vida.

En estos tiempos es importante hacer trabajos que nos recuerden la importancia de la aceptación, ¿no?

Sí, y de una forma muy natural, que es lo que me gusta de esta obra, que los jóvenes no tienen tabúes, no hacen un señalamiento especial y cómo los adultos aprenderán a llegar a eso. Creo que es una obra importante justo por eso, porque lanza preguntas al espectador sobre la vida; cómo terminas aceptando y abrazando la vida como es, y al otro como es. Estos son personajes muy complejos que transitan por muchas heridas, ironías, esperanzas y deseos.

Pero el tono parece un drama, pero hay ahí un mensaje esperanzador.

No es una obra depresiva y sí es muy esperanzadora; no es una comedia, pero tiene un humor negro muy interesante; tiene un énfasis en lo cotidiano y en lo real. Yo creo que por eso el autor no nombra la enfermedad, no la melodramatiza ni lo sentimientaliza, solo la expone, y vemos cómo, gracias al amor, los personajes van transitando sus propios dolores.

Como director, ¿qué te ha dado este proyecto?

Martinic es un autor joven, como yo, y aunque sea croata encuentro en él una gran complicidad; por otro lado éste es el segundo elenco más grande con el que he trabajado, después de Rent. He disfrutado mucho este proceso, que ha sido rápido, porque ensayamos la obra en 5 semanas porque me he topado con un elenco muy talentoso que me sorprende y emociona por su nivel de análisis y profundidad; un equipo de gente que me inspira cada día.

MI HIJO SOLO CAMINA UN POCO MÁS LENTO, de Ivor Martinic. Dir. Diego del Río. Con Karina Gidi, Anahí Allué, Jerry Velázquez, entre otros. La Teatrería, Tabasco 152, Roma Norte. Martes, 20:30 horas. Loc. $160. Adolescentes y adultos. (Centro)

Dejar una respuesta

Escribe tu comentario
Por favor ingresa tu nombre aquí

3 + 1 =