Llevar una gran película al escenario siempre será un reto, y más, si aquella incluye un Óscar como mejor guión, un icónico personaje interpretado por Robin Williams y una escena imposible de borrar de la memoria: O Captain! my Captain!”…Con estos antecedentes, y gracias a una producción meticulosa de Ocesa, Tina Galindo, Morris Gilbert, Francisco Franco y Claudio Carrera –y a la precisa dirección del mismo Franco–, Alfonso Herrera logra dar vida a un ‘Profesor Keating’ muy distinto al de Williams, pero que convence con méritos actorales propios.John Keating es un maestro como el que todos quisiéramos haber tenido, o tal vez tuvimos: directo, osado, que te invita a pensar, a sentir, a formar tu propia visión sobre el mundo y quien motiva a perseguir esa pasión que hace vibrar el alma… Esto le ocurre a Neil Perry, interpretado por Sebastián Aguirre, un joven que refleja una situación que solía ser muy común en esa época (o quizá, tristemente, lo siga siendo): que un padre quiera decidir el futuro de su hijo.

Aguirre, que resulta muy certero en trabajos cinematográficos como Güeros y Obediencia Perfecta, tiene aún que mejorar su presencia en el escenario; le falta confianza y dicción; pero quizá en cada función, este protagonista vaya tomando fuerza…

El resto del trabajo de los jóvenes es dispar: Mauro Sánchez Navarro, ‘Charlie Dalton’ (que se hace apodar ‘Nuwanda’), tiene mucha simpatía, convence en cada diálogo y logra que sintamos gran complicidad. A Paco Rueda le falta la malicia y dualidad que necesita ‘Peter Cameron’, el antagonista que defiende las tradiciones de la Academia Welton; y Alejandro Puente, quien resulta certero para proyectar el temor e inseguridad de ‘Todd Anderson’, debe mejorar la escena de llanto, que en la cinta resultaba tan icónica (el personaje se quiebra en medio de una nevada) y que aquí no se siente tan orgánica.El trabajo en la escenografía de Adrián Martínez Frausto (ganador del premio de la ACPT por su trabajo en Macbeth) resulta muy llamativo y logra recrear atinadamente espacios como un salón de clases o una recámara con muy pocos elementos. Incluso, construye un puente en la parte posterior que nos remonta al trabajo que recientemente hizo para Shakespeare en el Parque.Esta escenografía, aunada al trazo escénico de Franco, logra cuadros verdaderamente poéticos. Movimientos, luces, cámara lenta… cuadros de belleza pura. He de decir que el uso de las capas de los alumnos me remontó un poco a Harry Potter and the Cursed Child, obra estrenada en Londres y recientemente en Broadway. Pero en La Sociedad de los Poetas Muertos, la manera de caminar de los jóvenes, la precisión de sus movimientos (cómo cada uno brinca distinto a un escritorio), o la forma en la que entran a una escena y la hacen suya, son de destacarse.Pero si se necesitara una sola razón para ver esta obra de Tom Schulman basada en sus experiencias en la Montgomery Bell Academy (en Nashville, Tennessee), sería para poder presenciar la gran evolución actoral de Alfonso Herrera, un joven que alcanzó la fama como parte de RBD y quien, no conforme con eso, continuó buscando proyectos que lo retaran y lo hicieran crecer como actor; en televisión en series como El Equipo, El Diez, Sense8 y El Exorcista y en teatro The Pillowman, Rain Man y más recientemente Nadando con Tiburones, en donde en ningún momento era opacado por sus ‘tiburones’ compañeros: el nominado al Oscar Demian Bichir y Ana de la Reguera.Con el tono y la energía precisos –y una barba que le queda bien–, Herrera nos convence de que todos necesitamos de algo, o alguien, que nos inspire; se logra así el propósito de esta obra: vivir la vida diferente; carpe diem… Aprovecha el momento y haz tu vida extraordinaria.

LA SOCIEDAD DE LOS POETAS MUERTOS, de Tom Schulman. Dir. Francisco Franco. Con Alfonso Herrera, Luis Couturier, Constantino Morán, Sebastián Aguirre, entre otros. Basada en la película de 1989, el montaje muestra la conmovedora historia de un grupo de estudiantes de la Academia Welton, una prestigiosa y estricta institución privada de Nueva Inglaterra, Estados Unidos. Gracias a un excéntrico profesor de literatura: el Sr. Keating, y a sus métodos de enseñanza poco convencionales, un grupo de alumnos descubrirá el verdadero significado de Carpe diem -aprovecha el momento-. Nuevo Teatro Libanés. Barranca Del Muerto y 2 de Abril, Crédito Constructor, Benito Juárez. Jueves 20:30; viernes, 19:00 y 21:15 horas; Sábado, 18:00 y 20:30; Domingo 17:00 y 19:30 horas. Adolescentes y adultos. Loc. $990-$590. (Sur)

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