Desde el año 2004,  quienes nos cruzamos y convergimos con Luévano, sabemos de la pérdida así como de la confrontación. Haberlo conocido es un ejercicio pedagógico. Fue en el ciclo: “La Casa del Teatro en el Galeón” del CCB, en 2005, que participé leyendo una carta en homenaje a su partida.  “El corazón se va con el engaño o se detiene y confronta”. Así terminaba la intervención, igual que aquella frase que profirió Rogelio en alguna plática cuando se vislumbraba una gira, una de las primeras del proyecto de Casa del Teatro A.C. y el CEDRAM “Centro Dramático de Michoacán”:  El  tráiler  “Rocinante”,  teatro trashumante para llevar el teatro a los que no lo han tenido.

Dentro del incipiente programa “México en escena”, empezaríamos a montar “La mandrágora” de Maquiavelo.  Por desgracia, aquel 20 de octubre de 2004, con 56 años, se fue a dimensionar otras realidades, partió intempestivo tal como su  genio: “¡Si va, va!”, “no es que tenga que ser, es que está siendo”. Director del taller y la compañía de Teatro Universitario de la Universidad Autónoma de Coahuila; coordinador y maestro de la Casa de la Cultura de Torreón; maestro del Centro Universitario de Teatro de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Centro Universitario de Monterrey. Realizó estancias de estudio y observación en Alemania e Inglaterra, dirigió 50 puestas en escena, a su muerte, se desempeñaba como coordinador académico de la carrera de actuación en Casa del Teatro Coyoacán en la Ciudad de México.

Dirigiendo Luévano  a una  Patricia Marrero  en niveles de excelsitud: “El  retorno de Electra” un monólogo homenaje a la poetisa Enriqueta Ochoa, (torreonense como él)  encontré en la asistencia de dirección un primer camino, una variante del horizonte  que  ya daba por hecho como alumno de la licenciatura en  Actuación de la Casa del Teatro,  como parte del nombrado grupo “H” y que los dos primeros años de esa formación fue principalmente guiado por la Maestra Nora Manneck y por él como coordinador en 2001 .

La pregunta por la responsabilidad mística, no por la tarea ni el deber ser, se manifestaron en los deseos de generaciones y generaciones de sus alumnos que fueron descubriendo a sí mismos la “presencia”  que es presente y sentido aunque aparente reiteración.

En los distintos proyectos pedagógicos que desarrolló, estableció como constante una condición  principal, el “ser generoso”. Esto implica a las generaciones emergentes de formadores, de pedagogos, directores, de pensadores y poetas teatrales. Es esa condición poética la que ha sido a fin de cuentas una de sus principales herencias, la inevitabilidad de la decisión ficticia respecto a la realidad del pasado que arrastramos, la capacidad de sostener con templanza aún en la peor zona de conflicto como seres humanos y aquí hablo de un maestro de vida, lo que los anhelos,  a veces de sobrevivir simple pero no de manera sencilla ni pedestre, como él diría nos trascienden.

“Tiempo, siempre tiempo”, otra de sus máximas que atesoré a  lo largo de los años desde la última despedida presencial de Rogelio en su salón oficina de debates y primeros auxilios existenciales a sus discípulos en esa tan transformada en todos sentidos hoy casa de Vallarta 31-A en la Plaza de la Conchita.

Hoy el que lleva por nombre “Foro Rogelio Lúevano”, espacio de evaluaciones, aula , el de Casa del Teatro que en algún momento tuvo bajo su programación Teatro UNAM , sin olvidar aquel incendio que como el mismo Luévano diría: “ Y de pronto y sin esperarlo una realidad acota”, continúa ejerciendo la  excelencia que planteó desde su origen el  proyecto académico fundado por el maestro Luis de Tavira quien venturosamente lleva  de nueva cuenta el timón de responsabilidad como director.

La muerte y la ofrenda este 2018, 14 años después de que Rogelio abandonara este plano y desde una personal experiencia de vida, acarrea oleadas de vivo agradecimiento y constante reflexión por todo su legado. Citando las últimas líneas de la poesía de Enriqueta Ochoa en ese montaje que él dirigiera y que ya he mencionado, resuenan en letras espacio, sonido y luz con versos las palabras: “Nada está quieto: ésta que nos sacude es en otro sitio alumbramiento”.

“Mentira que todos mueren. Duermen, maduran lentamente. Sólo hay una verdad sobre la tierra: la semilla.” 

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